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Un fin de semana diferente

Me gusta hacer planes diferentes, me aburre la rutina y me encanta conocer lugares distintos. Pienso que, para vivir y disfrutar de nuevas experiencias, es necesario desconectarse un poco de lo mismo y dejarse sorprender, estar abierta a lo desconocido, arriesgarse y explorar, pero sobre todo disfrutar y aprender. Es por esto que decidí, junto a mis amigos, cuadrar un fin de semana especial.

Repasamos diferentes planes que tuvieran lugar fuera de Bogotá. Queríamos un lugar en el que pudiéramos descansar, pero al mismo se pudiera hacer actividades al aire libre. Durante la búsqueda de un lugar que cumpliera nuestras expectativas, y mientras el grupo de whatsapp con mis amigos se llenaba de propuestas, yo solo soñaba con meterme a un río y hacer una caminata durante horas. Y créanme, me preocupo cuando pienso mucho en algo, pues termina convirtiéndose en un reto para mí y hasta que no lo logro, no quedo tranquila. Lo admito, mis amigos me tienen mucha paciencia.

La búsqueda continuó por varias horas pero valió la pena. Entre tantas opciones y muy buenas fotos de lugares que se acercaban a lo que yo quería, encontré un lugar soñado: Bosque de Igua. ¡Lo logré!

Entonces, no lo pensamos más y separamos nuestro fin de semana en Bosque de Igua. Salimos un sábado muy temprano, tipo 5:00 a.m. Éramos cinco personas: mi hermana Camila, mi mejor amigo Alejo, Osqui, Anita y yo.

Yo manejé desde Bogotá hasta Melgar. No les he contado que me encanta manejar en carretera, me parece una buena terapia para alejarse un poco de la cotidianidad y más si vas en dirección a un fin de semana como el que habíamos planeado. Nos demoramos un poco más de lo previsto dado que el tráfico estaba un poco pesado. Sin embargo, aunque se alargó un poco más la llegada, la carretera estaba muy buena, y afortunadamente no nos encontramos ningún otro imprevisto.

Llegamos alrededor de las 9:00 a.m. a nuestro paraíso, llevábamos todo para cocinar y tener un fin de semana increíble. Y como dicen por ahí, “primero lo primero”, descargamos maletas y empezamos con el desayuno. Hicimos huevos revueltos, arepa con queso, café, jugo de naranja, fruta, y terminamos con una deliciosa torta de banano (la cual horneé la noche antes de salir de Bogotá), mejor dicho: un ¡súper desayuno!

Luego de este banquete decidimos descansar un poco y hacer una corta siesta. Cuando nos despertamos fuimos al jacuzzi y nos quedamos un buen rato hablando, echando chisme y riéndonos como siempre lo hacemos. Y es que, aunque todos estamos muy cerca de cumplir 30 años, en este momento seguimos riéndonos de los chistes más bobos del mundo y todavía nos doblamos de la risa con las pendejadas que salimos. Solemos exagerar cada situación, y Alejo es experto en hacernos doler el estómago por tanta risa, creo que reír a carcajadas es la mejor terapia que puede existir, y más si es en compañía de las personas que quieres.

Continuando con nuestro plan, pensamos hacer un asado para el almuerzo. Llevamos carne, papá, chorizos y arepas. Mientras organizábamos todos, los mayordomos de las cabañas, quienes son los más atentos del mundo, nos ayudaron a cocinar. Cocinamos, comimos y nuevamente: ¡Felicidad total!

Ya en la tarde decidimos preparar unos gin and tonics al estilo de «Anita», nos quedamos hablando un buen rato, y finalmente como buenos adultos contemporáneos nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos levantamos como nuevos y llenos de energía así que decidimos salir a caminar y a explorar la quebrada, mi sueño por fin se hacía realidad 😉

Con vestido de baño y tenis, salimos como todos unos guerreros que somos –en realidad, cero guerreros, pero lo intentamos. El agua era helada pero como pudimos nos metimos y les prometo que es una súper experiencia, qué lindo sería poder hacer estos planes más seguido. Caminamos un poco por la quebrada y nos tomamos fotos. Y como cuando estás disfrutando el tiempo pasa volando, nos dimos cuenta nuestro fin de semana llegaba a su final.

Regresamos a la cabaña, nos alistamos, preparamos algo sencillo para almorzar, hicimos entrega de la cabaña y regresamos a Bogotá. Aunque fue un fin de semana muy corto, fue una experiencia distinta y volví recargada con la mejor energía.

A veces no sacamos tiempo para estas cosas y nos cuesta trabajo planear este tipo de fines de semana, pero son los fines de semana que más recuerdos nos dejan. Les recomiendo 100% hacer este plan de vez en cuando, desconectarse un poco de la rutina para conectarse con uno mismo es la mejor forma de lograr esa paz interior que tanto necesitamos.  Les recomiendo este lugar para que vayan con su pareja, sus amigos o con su familia y espero que tengan un fin de semana de descanso real. Y si por otro lado, conocen lugares de este estilo, espero sus recomendaciones ya que estos planes, como les comentaba, me hacen infinitamente feliz.

Administradora y todera de Elalgo, sus momentos preferidos del día son cuando está desayunando y cuando está tomando elalgo.

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